31/3/09

Mashup literario: Relato soñado en El bosque de la noche

La noche nos confunde. Porque, como pretende demostrar el largo y complejo capítulo central de la novela de Djuna Barnes, 'El bosque de la noche', las horas nocturnas nos hacen ver todo desde un prisma distinto. Obvio, la oscuridad es lo que tiene. Para explicar esta idea, la escritora norteamericana hace que uno de los personajes principales del relato, el doctor, hable y hable y hable...

Djuna antes de volverse hikikomori

En cambio, Arthur Schnitzler, el tipo que introdujo el monólogo interior en la literatura alemana y que, por este hecho, debiera ser más propenso a enrollarse, concreta la misma idea en una novelita, 'Relato soñado', que se lee en un suspiro. Alberto Olmos (Dios) asegura que Schnitzler era un rijoso que se casó con una chica mucho más joven que él para satisfacer sus sucios instintos. A pesar de este feo defecto (o por culpa de él), su escritura es bella y sencilla, sin circunloquios ni aspavientos.

La de la Barnes, una mujer que estuvo encerrada 40 años en su casa y que debió comerse bastante el tarro, me recuerda al discurso de un político, un largo y tedioso monólogo en el que se acaba por no decir nada. Sólo que con palabras hermosas y una cualidad adictiva. Cuando acabas 'El bosque de la noche', piensas "¿qué coño quería contar?".

¡Y además llevaba un peinado de lo más moderno!

'Relato soñado', el texto en el que se basó Kubrick para realizar su testamento fílmico 'Eyes wide shut', cuenta una historia mucho más misteriosa y sugerente sin necesidad de enrollarse hasta la nausea. Además de sucinto, Schnitzler era de Viena. Todo duelo ha de tener un ganador. Y a mí el Imperio Austrohúngaro me puede.