No puedo soportar a los pelochos. Parafraseando al gran Albert Plà, me atacan el sistema nervioso. Tengo mis motivos para detestar a estas inefables criaturas, pero explicarlos aquí sería largo y fatigoso. Además, este no es un blog para desahogos personales. Si lo que quieres es leer las penas de los demás, formidablemente pormenorizadas, pincha aquí.

¿Cuál es el objetivo de estos muñecos? ¿Mensajes subliminales encriptados en los spots publicitarios? ¿Fomento del odio a cualquiera que no sea rojo y peludo? ¿Artefactos explosivos a punto de estallar escondidos en sus entrañas? Por precaución, no llames al 11888 y, si un desconocido te envía un pelocho, tienes 2 opciones:
- Afiliarte al partido nazi inmediatamente.
- Darte por muerto.
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